Este sentimiento colectivo tiene nombre

¿Cómo nombrar lo que millones de colombianos hemos sentido desde que el país empezó a movilizarse tras el terremoto?

¿Cómo nombrar esto que se despierta en nosotros al ver las caravanas de ayuda humanitaria con banderas y letreros improvisados; los rescatistas sacando una persona con vida; los muertos que aparecen abrazados; el habitante de calle que quiere donar su colchón; los restauranteros repartiendo comida; miles de personas movilizándose como voluntarias; las empresas anunciando donaciones; gobernantes que no pueden contener las lágrimas… como  se llama esto que emociona, que da ganas de ayudar, de servir, de ser parte de la solución?

Ese nudo en la garganta, esa necesidad de tragar saliva para intentar contener las aguas internas, esas lágrimas que son a la vez de  tristeza, de alegría, de admiración, de asombro, de optimismo y de mil cosas, eso tiene un nombre. Intentamos explicarlo diciendo que Colombia es lo mejor, “una chimba” dice con una sonrisa bellísima la periodista Rossy Lemos desde el Chocó, que los colombianos somos solidarios, que somos capaces de dejar atrás las diferencias y unirnos en el dolor. Todo eso es cierto, nos da un lindo sentido de pertenencia,  pero no explica realmente el potencial que tenemos como sociedad. 

Por eso quiero tomarme el tiempo de nombrar el sentimiento, de explicar el detonante y las consecuencias sociales de esto que estamos experimentando en forma colectiva. 

El sentimiento es de sobrecogimiento o de asombro, en inglés la palabra es bellísima: AWE. La investigadora Brené Brown dice que se trata de una experiencia profunda de conexión y trascendencia que nos invita a rendirnos ante la grandeza del momento. Genera un fenómeno donde nuestro ego se vuelve más pequeño y entonces nos sentimos más conectados con el universo y menos centrados en el “Yo”. 

El detonante más común de este sentimiento de asombro es la belleza moral que no es otra cosa que la admiración profunda por los actos heróicos como los que vemos repetirse por estos días en atención a la emergencia que vivimos: la bondad, la virtud, la valentía y la nobleza del espíritu humano. En su libro Awe: The New Science of Everyday Wonder and How It Can Transform Your Life, Datcher Keltner explica las raíces evolutivas del asombro y el poder de la belleza moral para encontrar sentido y felicidad. ¡Eso es lo que realmente estamos sintiendo!

¿Y la consecuencia? En lo inmediato este sobrecogimiento desata en el cuerpo una respuesta fisiológica al asombro que se caracteriza por una sensación de calidez o de expansión en el pecho, por piel de gallina o lágrimas de conmoción. Esto desata en nuestra mente el optimismo frente a la naturaleza humana y las ganas de ayudar a otros, generando una suerte de reproducción de la belleza moral que nos conmovió en primer lugar. En últimas, la belleza, tantas veces ignorada en nuestras conversaciones de construcción de sociedad, tiene una capacidad regeneradora que apenas empezamos a explorar.

Gracias a cada persona que ha sumado, el impacto de lo que hacen es más grande de lo que imaginan 💓


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  • : Foto: Alejandro Cock

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